algo en la garganta
Alejandro González Mañoso, Madrid
14 noviembre 2025
Un niño y su madre caminan por la playa al atardecer el último día de sus vacaciones de verano, mientras su padre se echa la siesta en una tumbona. En la mano del niño, un helado de pistacho se derrite y las olas borran las pisadas de los dos, como si nunca hubieran estado allí. Su madre le pregunta:
— ¿Vas a escribir sobre esto en tu redacción del verano?
Y el niño responde:
— Pero si solo estamos caminando.
Su madre lleva haciéndole este tipo de preguntas todo el día. En el desayuno, le ha dejado tomar tarta en vez de fruta. Cuando se ha llevado la primera cucharada a la boca, le ha preguntado:
— ¿Crees que vas a recordar esto cuando seas mayor?
Y también, cuando le ha acompañado hasta el trampolín de la piscina, le ha cogido las manos y le ha dicho:
— Que sepas que tu padre no quería que saltaras de tan alto. ¿Te vas a acordar en unos años de que yo sí te dejé?
Para cuando regresan a la hamaca donde duerme su padre, ya se ha hecho de noche. Su madre se inclina y le retira el sombrero de paja que le cubría la cara del sol. Dice:
— Tenemos que ir rápido para que no nos quiten el sitio en la minidisco.
Aunque algunos turistas ingleses con las espaldas quemadas y un grupo de jubilados se les adelantan, consiguen una mesa cerca del escenario. Un cantante de versiones llamado Anthony sonríe enseñando los dientes mientras canta. Su madre le mira sin apartar la mirada y murmura la letra de la canción. Como si se acabara de acordar, se gira con mucha emoción hacia su padre y le dice:
— Antes nos encantaba esta canción, la bailábamos con Vivian.
Y su padre contesta:
— ¿Sí? Creo que no era esta.
Su madre mira a su padre como esperando algo. Después, se termina la bebida de un trago y se levanta para ir a la pista. Las luces de la bola de discoteca se mueven perezosas, como si fueran copos de nieve cayendo. Su madre baila subiendo los brazos. Se echa el pelo sobre la cara y mira a Anthony mientras gira sobre sus tacones. Desde la mesa, el niño la observa revolviendo su piña colada con la pajita. La canción termina demasiado rápido, y ella vuelve a la mesa arrastrando los pies. Y le pregunta:
— ¿Te vas a acordar de tu madre bailando?
Vuelven a la habitación. Las sábanas están planchadas y huelen a suavizante. Su madre le dice al niño:
— Como es la última noche, podemos dormir juntos y acabar la película de ayer.
Se tumban juntos en el sofá del salón. En el dormitorio, su padre ve un programa de pesca. El niño se queda dormido.
A las tres de la mañana, se despierta al escuchar un ruido. Su madre está sentada en el borde de la cama y la luna recorta su figura. Llora como si se atragantara.
Nota editorial
Este relato guarda relación con La tía Rosa y el amor del mismo autor.